Hace algunos días se derrumbó gran parte de uno de los galpones del tren que hacía años resistía junto a las vías. Fue inesperado, sin mucho más que el estruendo y las paredes y el techo caídos.
Hoy, ese galpón es el símbolo del abandono de un medio de transporte que supo brillar y ser el corazón de muchos pueblos, incluido Areco, y que decisiones políticas echaron por tierra.
En contraste a este galpón ahora derrumbado, que supo ser escenario de producciones audiovisuales de todo tipo y punto de encuentro para la zona, el Chamico, su hermano gemelo, sigue firme. Ese espacio recuperado hace más de una década y convertido en centro cultural marca la diferencia y deja el gusto amargo de lo que se vino abajo y lo que resistió.
La estación de Areco tiene más de 100 años. Se fundó en 1892 con el ramal de Vagues a Pergamino del Ferrocarril Mitre. Los trenes pasaron hasta 1992, cuando el menemismo decidió cerrar gran cantidad de ramales en todo el país.
En 2022, después de 30 años, volvió a pasar una formación. Era un tren de pruebas, porque en ese momento el Ministerio de Transporte y Ferrocarriles Argentinos estaban poniendo en valor el ramal con la idea de que volvieran los servicios regulares. Si bien las obras en la zona se completaron, faltaron más trabajos en otras partes del ramal para poder garantizar las conexiones y la llegada del gobierno de Javier Milei con el freno a toda la obra pública y la nueva ola privatizadora le puso fin a la ilusión.
Ahora, a ese abandono se suma el derrumbe de gran parte de este galpón, casi como un símbolo de cómo se siguen alejando las épocas de gloria del tren.
