En una conversación profunda con Días de Areco, el médico psiquiatra Luis Giménez reflexionó sobre los sentimientos de odio imperantes en la sociedad.

Durante la entrevista, el especialista en salud pública habló de la imposibilidad de reconocer al otro como un igual y analizó el comportamiento de políticos que en sus discursos apelan a la división social y a la violencia como método de construcción política.

¿En estos tiempos impera un sentimiento de odio?

“Lo primero que tengo que decir es que el odio es una emoción violenta, violentísima, que tiene como uno de sus efectos principales anular la razón y la capacidad de pensar. Para algunos filósofos, como Spinoza, el odio se trata de una emoción tan fuerte que a veces es inextinguible. Es decir que permanece en ese ser humano y es así como vemos que la situación se complica. Tenemos una emoción muy fuerte que está relacionada a la rivalidad y a una violencia que anula la capacidad de pensamiento y una de las consecuencias es ir destruyendo, de a poco, el tejido social, la convivencia que es lo que nos debe preocupar, el tema de la convivencia”.

¿El odio no permite reconocer al otro como un par, como un igual?

“Yo siempre insisto en esto porque ocurre algo que es esencial y que es el no reconocimiento del otro. En principio es esa palabra tan usada, la no empatía, la ausencia de empatía con el otro. Esta falta de sensibilidad, de capacidad de pensar y de reflexionar se volvió en una distancia con el otro. Muchas veces cito a un pensador argentino, Alejandro Horowicz, que habla de una distancia existencial y que se va profundizando entre diferentes personas y entre diferentes sectores sociales. No hay un reconocimiento del otro en cuanto que el otro es igual a mí. Entonces lo que se va produciendo es una estratificación con ciudadanos que se sienten superiores, mejores en relación a otros, que serían los que denominan como vagos, bruto, planeros. Si lo relacionamos con la historia argentina, esto tiene que ver con civilización o barbarie aunque en realidad lo que escribió Sarmiento fue “Facundo, civilización y barbarie”. Pienso que eso tiene trascendencia y efecto hasta nuestros días”.

¿Cómo se ve la trascendencia de una frase que Sarmiento escribió en 1845?

“Esto sigue vigente y lo podemos ver también en San Antonio de Areco. Me sorprendí cuando en la campaña electoral del año pasado uno de los candidatos de Juntos habló de eso, produciendo una escisión, una separación entre dos sectores de la sociedad, lo cual es muy nocivo y que ofrece una base, un caldo de cultivo para que se generen estos comportamientos que llevan a la violencia”.

¿De qué manera se originan estos sentimientos violentos?

“Esto hace que los vínculos se vayan fragilizando y en lugar de haber vínculos con más respeto, eso se va perdiendo. También se va perdiendo la vergüenza. Esto que digo es simple pero muy profundo al mismo tiempo porque al perderse la vergüenza se produce un estado de sin vergüenza y estos personajes sin vergüenza son los que le están haciendo mucho daño a la población. Estos sin vergüenzas actúan sin culpas. Vemos a muchos personajes de la política que no sienten culpa y además están como avalados por este pensamiento, casi académico, de división que hablábamos recién. Pero recordemos que la vergüenza y la culpa son elementos constitutivos y necesarios en la estructuración psíquica de la persona y en su comportamiento social. Es normal que cuando uno tiene un mal comportamiento sienta o vergüenza o culpa porque son como frenos internos para que nuestro comportamiento sea lo más sano posible. Cuando alguien no siente vergüenza o culpa, eso es una anormalidad, pero lamentablemente vemos a personajes que dicen barbaridades, con comportamientos bárbaros pero sin embargo se definen como civilizados. Esa es una de las paradojas de esta época”.

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