En realidad no se llama Luz Clarita, pero todos la conocemos así. Clara Galvarino y su familia tienen su casa de comidas sobre avenida Quetgles, en el barrio 102 viviendas, desde hace más de tres décadas. Arrancaron con un kiosco por la ventana cuando hacía poco se había mudado y con el paso del tiempo armaron su local.
En esta charla con Días de Areco, Clarita recordó sus inicios, destacó el trabajo con su familia y habló de iniciativas solidarias, carnavales y la ayuda de la gente.
“Estamos acá desde hace más de 30 años, fuimos de las primeras 28 viviendas que se entregaron”, cuenta Clarita. “En esa época había renunciado al trabajo que tenía en el Colegio San Antonio y con la plata que me pagaron por eso, donde hoy tenemos el living, que era una habitación, armamos un kiosco. Atendíamos por la ventaba que da a la calle. En ese momento el barrio era muy distinto, era muchos terrenos baldíos, no había negocios, solamente un almacén a unas cuadras. Ahí empezamos nosotros con el kiosco, que funcionaba las 24 horas conmigo y mi esposo. Empezamos en esta ventana hasta que pudimos hacer el local donde está ahora la casa de comidas, que era la entrada de la casa. Me acuerdo que cuando empezamos vendíamos fiambre en trozo y lo pesábamos con una balancita de pesar lana”.
¿Cómo pasaron de ese kiosco a la casa de comidas?
“En el kiosco empezamos a vender empanadas y pizzas, siempre por la ventana, y la gente nos pedía más. Nosotros decíamos que no porque teníamos solamente una cocinita normal de casa, pero a su vez teníamos mucha ansiedad porque me había venido de mi casa anterior, atrás del río, prácticamente sin nada, con una mano atrás y otra adelante porque por la inundación se perdían siempre los muebles. Cuando pudimos hacer el local, fui a hablar con Tito Domínguez por la construcción y él me dijo que si la razón era trabajar, no iba a haber ningún problema, nadie me iba a molestar, que lo mejor que podía haber hecho era sacar el negocio de adentro de la casa. Con el tiempo por suerte pudimos juntar la plata y para el 2000 más o menos terminamos de pagar la vivienda y ser propietarios”.
¿Cómo fueron esos inicios de la casa de comidas?
“Empezamos con pizzas, empanadas y comida de olla, porque siempre me había gustado sentarme a ver cómo cocinaban mi mamá o mi suegra y de ellas aprendí. El nombre lo eligieron mis hijas. Yo me llamo Clarita, pero no me llamo Luz, aunque ahora todo el mundo me dice Luz Clarita. Mis hijas miraban la novela Luz Clarita y me dijeron por qué no le ponía así al negocio y así quedó. Desde el principio empezamos trabajando en familia, mi marido y yo y las chicas ayudaban, porque eran chicas. Trabajábamos de lunes a lunes, pero llegó un momento en que los años iban pasando, uno estaba grande y necesitaba la atención de doctores. Siempre teníamos que sacar turnos corriendo, arreglarnos como podíamos, así que hace un año dejamos de abrir los lunes y martes, trabajamos de miércoles a domingo para tener nuestro tiempo para ir tranquilos a hacer mandados y al médico”.
¿Cómo es la rutina diaria para Luz Clarita?
“Todos los días me levanto a las 7, soy la primera, y empiezo yendo a los negocios a buscar los materiales para trabajar. Recorro la carnicería, la verdulería. Para las 9 más o menos ya estoy en el local y Luis se está levantando. Ahí empezamos la producción: yo hago el plato del día, más tarde llega mi hija Carla que hace todo el preparado de las empanadas y tartas y más cerca del mediodía la gente empieza a buscar su comida. Además tenemos otras cosas que vamos armando para adelantarnos al resto del día. Cortamos después del mediodía hasta la tarde, cuando volvemos a preparar todo para abrir a las 19 hs. Están los famosos pollitos de Luisito, mi marido, y por supuesto las papas fritas, que ya son tradicionales. Con las papas concurrí 20 años consecutivos a los corsos, sin perder un fin de semana y me gustaba mucho estar con la gente, en los corsos o donde sea. Hoy tengo que decir que no estoy en los corsos debido a este gobierno de Ratto y a las instituciones que ahora manejan ese tema”.
Durante todos estos años, además de tu negocio, siempre ayudaste a los vecinos…
“Con los años el barrio se fue agrandando y me acuerdo que donde ahora está el CIC había un galpón donde un grupo de mujeres hacíamos la copa de leche para 130 chicos que iban a la escuela y el Centro Complementario. A la tarde les hacíamos una leche con un pan con manteca o con queso, con lo que la gente donara. La gente siempre ayudaba y había un grupo muy compañero. También años después, en la pandemia, hicimos comida para repartir, todo con donaciones y venía mucha gente que no podía trabajar. Empezamos porque una noche una pareja de personas mayores me tocó la puerta a ver si tenía algo de comer para darles. Les hice algo y le dije a Luis que teníamos que arrancar de alguna manera. Fue haciendo pollo y pensábamos que la cosa iba a durar 15 días, pero después durante meses hubo personas que vinieron a buscar su bola de comida. Gente que venía del campo, de muy lejos, con su tupper y su bolsa. Algunos me decían que seguro eran vagos, pero yo veía a la gente que venía, me contaban que eran albañiles o electricistas y no podían trabajar. ¿Cómo no los iba a ayudar? Nos trajeron montones de donaciones, mucha gente ayudaba, y me acuerdo que en un momento un nene me trajo una cartita que decía que gracias a nosotros su familia había podido comer en la pandemia. ¿Cómo no me voy a emocionar?”
¿Qué significa para vos trabajar acá, en Luz Clarita?
“Mi familia es muy compañera, hasta los más chiquitos. Trabajamos mucho todos estos años y logramos cosas muy lindas, como esas noches en los corsos y también cuando estaba Paco tuvimos nuestra propia Noche de Bares acá. La verdad que las Noches de Bares se las debemos a Paco, fueron un invento de él y es algo de lo más lindo que nos quedó, porque vamos todos, la gente de los barrios, del común, de clase media, y podemos disfrutar. Nosotros trabajamos juntos y sabemos que una vez que pasamos el mostrador, tenemos que estar bien para atender a la gente siempre con una sonrisa. Trabajamos en familia, nos ayudamos, porque así somos”.