Con más de 40 años de historia en el barrio de la Avenida Vieytes, Lo de Bianchi ya es un clásico arequero. Primero panadería y luego con su almacén más que completo, el negocio ha recibido a miles de vecinos a lo largo de su historia.
Carlos Bianchi, al frente ahora junto a su sobrino Juan Ramón, habló de la historia de este clásico comercio, que abre todos los días hasta bien entrada la noche.
“Arrancamos hace 41, 42 años acá enfrente, donde hoy está la pollería. En un momento quedó mi hermano Mario acá donde estamos ahora con la panadería y yo enfrente con el almacén. Después él decidió unificarlo, para sostener la panadería, y básicamente pasé lo que tenía enfrente para acá y a agregar más cosas y acá seguimos”, contó Bianchi.
Durante muchos años los hermanos trabajaron a la par, con Mario a cargo de la panadería y Carlos en la atención comercial. Siguieron así hasta el fallecimiento de Mario. “Con Mario estaba la parte de panadería incluyendo facturas y demás y cuando él falleció quedó solo el pan. Yo con la panadería muy poco. Capaz en algún momento le daba una mano a Mario en el reparto y a veces cuando faltaba algún chico también en la cuadra, pero solamente eso”, explicó Carlos. “Después cuando falleció Mario agarró Juan Ramón y él decidió hacer solo pan pero seguir teniendo siempre pan caliente a distintas horas. Esto en realidad es una fábrica de pan rallado. No mucha gente sabe, pero hay pocas en la zona: acá en Areco, Baradero y San Pedro. Juan Ramón siguió con eso y ahora se puso un poquito las pilas y están haciendo más cosas: facturas, biscochos, prepizzas. La verdad que es un boom, sobre todo porque los precios son muy buenos, y está teniendo un buen recibimiento de la gente. No sé hasta cuándo podrán seguir con esos precios, pero están produciendo mucho”.
El costado del almacén siempre fue el de Carlos, que se esfuerza para que no falte nada. “Tratamos de tener de todo, aunque siento que me falta. Me encantaría que la gente venga a pedir cualquier cosa y que no falte nada, pero sé que es imposible. Sinceramente, estos últimos cuatro años por problemas de salud me golpeó bastante duro la vida pero sigo en pie, trabajando siempre”, apuntó. “La verdad que nunca paré y recién hace un par de años por una operación muy grande el médico me pidió que levante un poco la pata del acelerador. Antes estaba desde las 6 de la mañana y me iba de noche tarde, sin parar. Ahora aflojé un poco, abro más tarde, pero igual me voy tarde. Nunca en mi vida me iba de vacaciones y hace un tiempo empecé a tomarme unos días, pero te aseguro que me duele dejar el negocio. Estoy de vacaciones pensando en el negocio porque me gusta el servicio a la gente. A veces al tercer día ya estoy aburrido y me quiero venir para acá, pero para no pelearme me quedo.
Si bien tiene de todo, el negocio sigue manejándose solo con pagos en efectivo, algo que quizás cambie pronto. “Hoy se puso muy difícil la cosa, pero acá estamos. Ahora me tengo que empezar a adaptar un poco a la tecnología, que no quería por mi burrada, digamos”, Carlos. “Pero me estoy interesando un poco, aprendiendo, y en cualquier momento vamos a conectar todo. Calculo que en uno o dos meces vamos a tener de nuevo tarjetas y otras formas de pago”.
A pesar de las dificultades, el negocio sigue firme en la esquina de Vieytes y Arellano. “Desde el fallecimiento de Mario pensé en irme de acá. Tengo la zapatería cerca, a algunas cuadras, y un local ahí al lado donde podría trasladar todo, pero los chicos acá quisieron que siguiera. De a poco tengo que ir dejando, pero mientras el cuerpo resista, voy a seguir. Hasta ahora vengo bien, así que espero poder continuar”, afirmó Carlos.