Irene Wheeler publicó hace poco su libro “Historias oceánicas. Los sueños y el lenguaje astrológico”. Desde hace mucho tiempo trabaja sobre el cruce entre la astrología y cómo habla el inconsciente a través de los sueños.
“El tema de los sueños viene conmigo hace mucho tiempo”, cuenta. “Primero hice danzaterapia con orientación junguiana y eso me fue llevando a profundizar en astrología. Hice cuatro años de formación astrológica y entonces empecé a incorporar los sueños porque siempre me llamaron la atención. Cuando empecé terapia freudiana-lacaniana, empezamos a trabajar los sueños y mi terapeuta decía: «Bueno, pero en los sueños ya lo resolviste». Era como que los sueños sabían más que yo. También hice terapia junguiana y ahí seguí trabajando con este tema. Cada uno de los terapeutas me decía: «Tenés que hacer algo con esto». Además trabajaba con mi carta natal y siempre aparecía el tema. Finalmente empecé a trabajarlos, a animarme primero conmigo misma y mi carta natal, que me ayudaba muchísimo a entenderlos. Después me animé a trabajar con otras personas y lo interesante es que cuando trabajás mucho tiempo con alguien, vas siguiendo todo como si fuera una serie con sus episodios y sus temporadas”.

Hoy, Wheeler no solo escribe sino que también ofrece diversos talleres y encuentros para explorar los sueños, la carta natal y usar la astrología como herramienta.
“La carta natal es como una guía de qué tipo de situación es la que está tratando de entrar a la conciencia, de qué hay como en sombra, en el inconsciente”, explica. “Las historias de los sueños van reforzando esa teoría, vas viendo cómo cambian, como si la conciencia fuera aceptando eso que de última es inevitable, incorporando ese pedacito propio y dejando de defenderse. A mí esas cosas me fascinan y son cuestiones que también después las llevan a terapia y van enriqueciendo sus procesos”.
Sobre su trabajo con otras personas, cuenta que “algunos trabajan en un solo encuentro su carta natal y eso es suficiente, mientras que otros quieren seguir indagando. Entonces ahí yo aprovecho y si recuerdan sus sueños, los sumamos porque aportan un montón. Por eso en la última parte del libro lo que recomiendo es hacer algo con los sueños para objetivarlos, ponerlos afuera aunque no comprendamos bien de qué se tratan. Quizás se puede hacer un dibujo basado en las sensaciones que me dejó el sueño o escribir o pintar. En mi caso, por ejemplo, en algún momento me concentré en una serie de sueños de una temporada y a partir de ahí, basándome en ellos, escribí cuentos. Eso para mí fue muy sanador y los sumé en el libro. Están escritos como si fuera desde el inconsciente, donde no tenés muy claro quién está hablando ahora, incluso algunas palabras se juntan, se pegan. Me resultó un alivio enorme. Entonces, a partir de ahí que yo recomiendo contar los sueños aunque no entiendas qué pasa”.
También ha diseñado espacios para trabajar grupalmente con un taller de tejedores de sueños. “A partir de esa recomendación empecé a pensar en generar un espacio donde la gente se cuente los sueños, que es algo que antes se hacía mucho. Algunas personas lo hacen, pero siempre digo: «¿Viste que no es fácil?». Vos estás fascinada con tu sueño, querés contarlo y el otro dice: «Ay, sí, bueno, no sé lo que estás diciendo». Entonces pensé: «Voy a poner en marcha yo esa recomendación que hago en el libro». Y así surgió el taller de tejedores de sueños que empezó con una prueba piloto y seguimos trabajando”, detalla. “El espacio no está orientado a lo terapéutico, sino a poder expresarse, que no es algo tan fácil. Incluso expresar quién soy es difícil, porque a veces me expreso de acuerdo a lo que se espera de mí, a la estructura. Entonces, este es un lugar para expresar, escuchar, volcar las sensaciones de alguna manera: pintar, dibujar, sacar fotos, buscar algo que represente las sensaciones que nos dejan los sueños. La otra cosa que me interesa es que se genere una sensación de pertenencia, que se vaya generando una conciencia grupal, un entrelazarse. Me parece que lo grupal es lo que necesitamos en estos tiempos: ir descubriendo que estamos conectados de una manera más profunda de lo que creemos a veces”.

A todo esto se suma que creó un mazo de cartas basado en el tarot y el trabajo astrológico. “No sé de tarot, pero me encantan las imágenes que utiliza. Cuando me formé en danzaterapia empecé a ver que había muchos psicólogos astrólogos y a tener más respeto por la astrología. Entonces, de a poco fui entrando en eso y como en arteterapia también se usan a veces las imágenes del tarot no como una adivinación, sino como una puertita a lo inconsciente, imaginé primero crear cartas de tarot y después cartas astrológicas”, detalla. “Fue un recorrido muy lindo, porque partí de los 12 signos de la astrología los antropomorficé, les di una forma. Además las casas, que son doce y son las áreas de vida, las hice como un mapa, un diagrama, un plano de arquitectura. Y después los planetas, con un estilo steampunk, pero con algún atributo típico. Todo es un modo de jugar con lo inconsciente y las cartas se pueden usar como oráculo, ver la carta y lo que representa para vos. Pero al mismo tiempo pueden ser un juego, una especie de cadáver exquisito para la dinámica de lo inconsciente, y un juego de mesa, por lo que en el instructivo aprendés un poquito de astrología. Fue muy divertido para mí hacer estas cartas”.