Este año Lo de Fiorda cumple 35 años de historia. El clásico negocio de Avenida Vieytes arrancó de la mano de Daniel al principio de los 90s y hoy sigue con él, su hijo Darío y un equipo que atiende todos los días.
Darío Fiorda repasó la historia del emprendimiento familiar y adelantó que habrá un sorteo especial para celebrar este importante aniversario.
“Este año cumplimos 35 años. Arrancó papi en el local de enfrente con un kiosco chiquito y después le fue agregando otras cosas”, cuenta Fiorda hijo. “Me acuerdo que como vivíamos atrás del local y el kiosco estaba abierto todo el día, con mis hermanas nos peleábamos por ir atender, nos pasábamos todo el día ahí. El kiosco tenía un timbre porque a mi viejo le encantaba abrir todo el día, así que de repente capaz que estábamos almorzando o cenando, sonaba el timbre y nos pelábamos por atender”.
¿Cómo fue que pasaron de ese primer kiosco a más rubros?
“En un principio era un local chiquito, todavía no el de la esquina de Vieytes y Moreno, y solo kiosco. Al poquito tiempo me viejo fue anexando algo de juguetería. Arrancó en un verano con inflables: armó una pelopincho en la vereda y ahí ponía los inflables, hasta una ballena. Así estuvimos cuatro o cinco años hasta mudarnos al local que es el actual, pero que era más chico, y mi viejo empezó a traer más cosas de librería”.
¿Y cómo te sumaste vos ya grande al rubro comercial?
“Siempre estuve al lado de papi y en el momento en que salieron los teléfonos celulares y eran el boom de los prepagos, como conocíamos a un agente de Pergamino, mi viejo me dijo por qué no empezaba a vender telefonía. Yo mucho no quería porque no estaba empapado en el tema, pero finalmente dije que sí y empecé a vender celulares en el rincón donde ahora está el kiosco. Me fue bien y eventualmente me fui al local de al lado, donde estuve seis años. Después me surgió la posibilidad de ser agente oficial de Movistar y estuve 12 años en el local de la esquina, acá en Vieytes y Belgrano, hasta que Movistar empezó a cerrar todos los locales de la zona, desde Bahía Blanca hasta Córdoba. Para ese momento tuvimos la posibilidad de agrandar el negocio porque se compró la propiedad y ampliamos hacia atrás. Pusimos todo junto justo antes de la pandemia. Recuerdo que nos mudamos en noviembre y en marzo del año siguiente arrancó la pandemia”.
¿Cómo les afectó la pandemia?
“Durante la pandemia estábamos todos asustados porque no sabíamos que iba a pasar con los temas de salud. En lo comercial trabajamos a puertas cerradas porque éramos esenciales por la librería y juguetería. Con el tiempo a medida que todo volvía a la normalidad nos acostumbramos a tener muchos rubros en un solo lugar. Al principio, cuando surgió la posibilidad de mudarnos acá, no me gustaba porque pensaba que iba a ser un lío, pero pudimos organizarnos por sectores y quedó bastante bien, la gente respondió y el espacio es cómodo dentro de todo”.
A pesar de haber pasado tantos años, Daniel viene todos los días y trabaja a la par de todo el equipo…
“Mi viejo viene todos días a la mañana y a la tarde. La parte de kiosco la maneja él. Él hace los pedidos, sabe lo que falta, anota todo en un papel y después los chicos lo pasan en la computadora para hacer los pedidos a cada viajante. Por eso siempre insiste en que no falte nada, en que su sector esté súper ordenado. Yo en los últimos años le empecé a prestar más atención a lo que es librería en general y a juguetería. Con los chicos nos organizamos y en cada temporada vamos cambiando la mercadería en exposición: sacamos los juguetes de Navidad para poner lo escolar, termina la época escolar y viene Pascuas y así todo el año. Tenemos varias fechas puntuales en las que vamos rotando la mercadería”.
Cuando eras chico y te peleabas con tus hermanas por atender el kiosco, ¿pensaste que ibas a terminar dedicándote a esto?
“Cuando éramos chicos, con mis hermanas atendíamos por diversión y después cada uno tomó su camino. A mí siempre me gustó el comercio y siempre laburé con mi viejo, que está bueno pero siempre tenés peleas por compartir tantas horas. La verdad, de chico no me imaginaba que iba a seguir este camino, pero ahora lo siento mucho. Hay domingos que estoy en casa y me doy una vuelta por el local a ver algo o paso un día cualquiera a la noche y miro. Siento mucho lo comercial, me gusta mucho y defiendo mi comercio y a los comercios en general”.