San Antonio de Areco y la Región Viernes 26 de noviembre de 2021
 
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  24/03/2020 |  
  24 de marzo: la dictadura cívico militar en Areco  
 


El Proceso de Reorganización Nacional dejó su huella en la sociedad de San Antonio de Areco. El nombre de las víctimas del Terrorismo de Estado, la metodología empleada por la dictadura cívico – militar para intentar cumplir su proyecto de cambiar de raíz la estructura política, económica y cultural del país, permanece imborrable en la memoria colectiva de nuestro pueblo.

La vigilancia estricta y el control militar sobre la vida cotidiana durante los primeros años del gobierno de Saint Jean se fue relajando con el paso del tiempo y con la llegada a la gobernación del ruralista Jorge Aguado (a inicios de 1982) el Proceso acentuó aún más su matiz conservadora pero se abrió hacia una mayor participación de civiles, portadores de una ideología afín a la de las Fuerzas Armadas.

El proyecto político que ejecutó el General de Brigada Ibérico Saint Jean desde el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires generó una profunda reforma administrativa que amplió la facultad y las responsabilidades de los Intendentes, a quienes consideró como “sus Delegados” en cada fistrito. La trasferencia desde la Provincia hacía los Municipios de la gestión de los principales servicios públicos (salud, educación, agua corriente, cultura más la regulación del uso del suelo) concretó una verdadera descentralización en la prestación de los mismos, lo que obligó a una reorganización de la administración municipal, que vio aumentada sus atribuciones políticas de manera sustancial.

Este conjunto de medidas impulsadas por el Gobernador de facto, denominada como “Municipalización”, aumentó el peso de los funcionarios locales en la toma de decisiones cotidianas sobre temas fundamentales de la sociedad de la época. Los Militares y sus asesores civiles reunidos en el Grupo La Plata consideraban a los Municipios como la base fundamental para la nueva Argentina que estaban construyendo.

San Antonio de Areco fue un alumno ejemplar en la aplicación de este plan. Los cambios producidos en esa etapa fueron notables: la centralización integral de la salud pública en el Hospital Emilio Zerboni (las Unidades Sanitarias de Villa Lía y Duggan, el Dispensario de Vías Respiratorias y el Consultorio Médico Infantil dejaron de ser provinciales), la sanción de dos ordenanzas que fijaron una zona de preservación patrimonial y un Plan Regulador del Desarrollo Urbano, la inauguración del primer Jardín de Infantes Municipal (Cajita de Música) en un principio sin ningún tipo de subvención provincial, la concesión del nuevo servicio de agua corriente a la Cooperativa de Luz, que modificó sus estatutos para poder hacerse cargo de la prestación y fundamentalmente, por su valor histórico y cultural, el traspaso al Municipio de la administración del Museo Gauchesco y Parque Criollo Ricardo Güiraldes, son ejemplos concretos del nuevo esquema que habilitó la política que llevó adelante la dictadura entre 1976 y 1981.

Con el Concejo Deliberante y los partidos políticos clausurados, las instituciones intermedias (principalmente las Sociedades Italiana y Española, el Centro de Comercio, la Asociación de Amigos del Museo, el Club de Leones, el Rotary, River Plate y la Cooperativa de Luz) se convirtieron en foros de debate y en un canal de expresión válido para varios sectores del entramado social de finales de la década del 70 y principios de los 80.

Una muestra de esto fueron la participación en la Comisión Pro Patrimonio, constituida en 1978 tras el robo del Museo Güiraldes, en la organización de los carnavales y de la Fiesta de la Tradición y las asambleas que se llevaron a cabo en junio de 1981 para rechazar la designación como Intendente de Ricardo Admonacid cuando en el país regía el Estado de Sitio que prohibía las reuniones de este tenor.

Muchos de los más destacados dirigentes de esas entidades (Horacio Blanco, Ruperto De Lellis, Camilo Fagnani, José Emilio Ramírez) asumieron luego un papel importante en la recuperación de la democracia.

La influencia del Comodoro Juan José Güiraldes, con frecuente llegada a las autoridades militares y a los medios de difusión nacional, fue un constante motivo de conflicto con el Intendente Enrique Amondaray, que estuvo en funciones entre 1976 y 1981. Esta intensa disputa por el poder local tuvo como escenario predilecto la celebración de la Tradición, que cada año fue una fuente inagotable de discusiones y enfrentamientos. Por esa razón la Municipalización del Museo fue considerada por los analistas de entonces como una victoria política de Amondaray sobre su más encumbrado adversario, el Comodoro Güiraldes.

Las obras públicas realizadas en el periodo apuntaron a un crecimiento orientado hacia el sur del radio urbano: el traslado del Corralón Municipal a los terrenos del viejo Matadero, las mejoras en la Plazoleta de los Inmigrantes y Constancio Vigil, ubicada sobre el acceso Doctor Durán, la construcción de los barrios Esperanza y Alborada (las viviendas fueron entregadas en abril de 1984), la apertura del Jardín de Infantes en la Escuela 5, la pavimentación de la avenida Quetgles, hasta la esquina con Sarmiento y de un tramo de Güiraldes frente a la Estación del Ferrocarril Mitre, fundamentan esta afirmación.

Los inversiones en educación también fueron un indicador importante: los nuevos edificios para la Escuela Diferenciada 501, el Centro Educativo Complementario y el Jardín de Infantes 903 en Duggan, el puntapie inicial del sistema educativo Municipal, la apertura de la Secundaria Polivalente y la cesión a la Nación del terreno ubicado en la esquina de Guido y Alberdi para la construcción del Colegio Nacional son datos incuestionables de ello. Después de la Guerra de Malvinas se vivió una situación muy particular.

La administración de Ángel Alonso (1981-1983) y la reorganización de los partidos políticos que se encaminaron hacia el retorno de la democracia transcurrieron por senderos distintos, como si pertenecieran a dimensiones diferentes pero paralelas. Con un rotundo fracaso, la Dictadura cívico –militar iniciaba su retirada. El poder real estaba cambiando de manos.

A partir de mediados de 1982 entraron en escena nuevos protagonistas: Teodoro Domínguez, Norberto Campodónico, Ruben Cagnoni, Andrés Antedoménico, Raúl Lucero, Juan Carlos Daverio, Horacio Viganego, Hugo Di Santo, entre otros, que comenzaron a configurar el futuro político de San Antonio de Areco, con plena vigencia de las instituciones democráticas desde el 10 de diciembre de 1983. Una década convulsionada comenzaba a quedar en el pasado.
 
 
 
 
 
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