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  25/10/2018 | Política  
  ¿Puede el vecinalismo volver a ser Gobierno?  
 


Estela Lennon es sin dudas la líder de la oposición al gobierno de Francisco Durañona. La actual presidenta del Consejo Escolar lleva casi 20 años en el centro de la escena pública de nuestro pueblo y hasta creó un movimiento político propio que se ajusta perfectamente a su personalidad y a su visión de pueblo.

En 2007 triunfó en  las elecciones con su flamante espacio vecinalista: Acción Comunal por San Antonio de Areco, que selló un acuerdo con la UCR y se mantuvo al frente de la Intendencia hasta diciembre de 2011. En 2017, ya integrando el macrista Frente Cambiemos, colaboró muchísimo para obtener una resonante victoria desde su lugar como Consejera Escolar.

A su vez, San Antonio de Areco tiene una larga tradición de agrupaciones vecinales, desde que en 1972 José Emilio Ramírez fundó el Centro Unión Vecinal para competir contra peronistas y radicales en las elecciones de marzo del 73. Un partido de este tipo le permite a Lennon disponer de un política de alianzas muy flexible (en 2007 fue con los radicales, en 2013 con los massistas y en 2015 se sumó al macrismo) y representar al mismo tiempo los intereses de las clases más altas de la sociedad, las aspiraciones de los sectores medios y gracias a su carisma personal y a la práctica del clientelismo más elemental, penetrar con eficacia en los barrios populares.

Viva Areco engloba en su ideario colectivo a los seguidores de la derecha clásica, al campo, a la Iglesia católica, al colegio San Antonio, a los antiperonistas acérrimos y a los tradicionalistas más ortodoxos. Pero también a la mayoría de los vecinos del centro de la ciudad y a muchos de los que necesitan de la asistencia social para poder llevar adelante sus vidas, cubriendo con el favor caritativo de los políticos apenas un puñado de necedades básicas mínimas para sobrevivir. Pero sin dejar de ser nunca pobres.

En plano electoral, este espacio mantiene un alto caudal de votantes. En 2003 Eduardo Jordán llegó al 50%. Lennon, en 2007, superó el 43 (pero con el 11% de votos en blanco).  Antedoménico también arañó el 43% en 2011 y Jordán llegó al 46% en 2015, durante el apogeo  de la ola macrista.

Por estos días, Estela Lennon entiende que la gestión de Mauricio Macri en la Nación le quita una parte significativa de sus votantes y reclama en voz alta, regresar “a la independencia” y al localismo de su estructura vecinalista, propuesta que encuentra, por ahora, poco eco en el grupo de dirigentes que la acompañan, todavía creyentes del éxito del proyecto de Cambiemos.

El principal aliado de Lennon, sigue siendo Eduardo Jordán, sostén político, pero también el techo del crecimiento de las aspiraciones del presidente de la UCR, Leonardo Perea, que acaba de ser reelecto por dos años más en el viejo comité de la esquina de Arellano y Alvear. El Vasco, que actualmente se desempeña como director de la Biblioteca de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, integra el núcleo duro de los radicales más cercanos al PRO.

Hombre de fuerte predicamento en el ala conservadora de nuestro pueblo, Jordán pertenece al riñón del vicegobernador bonaerense Daniel Salvador y sostendrá la Alianza Cambiemos hasta último suspiro.

Entonces, los grados de libertad política de Perea, que le dio una mayor visibilidad al radicalismo local durante el último tiempo, dependen de las necesidades de Jordán, que gobernó la ciudad entre agosto de 2002 y diciembre de 2007.

Hace cuatro años, Francisco Ratto surgió como la figura de recambio ideal dentro del conservadurismo. Pero luego de haber alcanzado un altísimo 54% en las elecciones de término medio de 2017, su luz se fue apagando en medio del laberinto barroco que es el Concejo Deliberante y como producto de la defensa cerrada de muchas de las más impopulares medidas económicas implementadas por el macrismo.

¿Puede llegar a ser el candidato a Intendente de una oposición unificada? Todo es posible. 

Pero en este contexto, es muy probable que llegada la hora de tomar determinaciones para decidir un armado electoral de cara a 2019,  Estela y el Vasco se sienten a resolver candidaturas y estrategias. Por supuesto,  sin descartar la idea de repetir la fórmula de 2007: la boleta corta, exclusivamente  en la órbita municipal para que luego el elector la combine con la fuerza política que más le guste a nivel provincial y nacional.

Este modelo, ya probado, les puede servir a ambos prominentes dirigentes para mantener en pie sus propios intereses y desalojar al peronismo de la Intendencia, después de ocho años de gobierno de Durañona, un político definidamente plantado en la vereda de enfrente, que rompió la hegemonía conservadora reinante a lo largo de más de una década y que cuando termine su mandato, habrá dejado un pueblo muy distinto al que encontró.
 
 
 
 
 
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